Monday, March 07, 2011

Cuento

"Pero, como la hiedra, crecemos donde hay lugar para nosotros."
Miranda July

Sebastián conoce a Clara a los 26. Un año y un aro después, Clara crece como higuerilla en la casa que Sebastián construye con sudor. El mismo sudor que llena la piscina, el biberón del niño, las copas entre amigos y, en unos tres años, los ojitos de Clara. Rocío mañanero, regadita por la tarde y el fin de semana deja, Sebas, el caño abierto. "Esta noche es de hombres, te quedas en casa, no llego a cenar, no me esperes despierta". Pero la higuerilla es fuerte, de raíces ligeras que saben andar entre las grietas, que sabe asirse a las paredes y al arenal. Clara se aferra al niño, a las amistades que visitan la casa con jardín y piscina, se agarra del deseo y lo explota fingiendo a la potencia. "¿Así te gusta? ¡Ay, amor, eres un hombronazo!"

Sebastián conoce a Silvia a los 33, esta se toma un trago, cruza las piernas y le da la mamada más buena de su vida. Silvia no es planta, esa mujer sin raíces es hacha y leñador. No es mala, lo sabe, apenas desea cogerse de algo, mirarlo, saborearlo, quizá dejarlo, quziá recogerlo a los dos días. "¿Alo? Sí, este es el móvil de Sebas, habla su novia". Sebastián rejuvenece, es como un potro, nunca tan libre, nunca tan macho, macho. Y recuerda una casa con piscina que ya no llena, si no que reparte el mismo sudor en la cama con Silvia. "¿Escuchaste el móvil? Era el ringtone de mi mujer"

¡Saz! Clara ha sentido el golpe y ha visto sus raices tiradas en el baño como cabello mojado. Se ha visto de pie sin raíces, sin raíces, sin raíces, sin raíces... Y ahora puede andar. "Hijo, ven, tu papá llamó y nos tomaremos unas vacaciones. Empaca un poco"

1 comment:

Juancarlos said...

uhmmmmm, a veces pasa.

pero Clara también se disfraza de Silvia. A veces pasa.