Ven a mí cuando estés cansada
que yo limpiaré tus heridas
y declararemos, en silencio, otra guerra
contra el tiempo.
Quédate, si todo está en tu contra,
a caminar desnudas por la casa
gritando maldiciones,
una más refrescante que la otra.
Ya de noche, con el frío,
haremos de tus llagas un lienzo
y juraremos vendetta
hasta que todo el mal cobre sentido,
Haz tu nido sobre mi cama
y escapa de noche como de día
dejando mis sábanas revueltas
y tus huellas en la alfombra.
Que cada día me siento a esperarte
con el pelo suelto frente a la ventana.
a que aparezcas, descalza
y con el alma en llamas,
lacerando mi entrada como un latigazo.
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