La mitad de lo que dices no tiene sentido
y no importa.
Por el placer cutáneo de escucharte vibrar.
Y no confío en ti
como una fuente de ingresos felices.
Aquí te veo colgada del día:
magnífica y distraída.
Mas creo en ti
como en los dioses o las voces en mi cabeza.
Sin reverencias
ni rituales,
a oscuras y sin preguntas.
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